María Neira: “Con el ébola hace falta rapidez, claridad y transparencia”

Mujer Hoy – Comprometida e incansable, esta doctora asturiana es una de las máximas responsables de la OMS para frenar la expansión mundial de la epidemia. ¿Su diagnóstico? “El auténtico problema es la extrema pobreza”.

No hay un día igual a otro en la vida de María Neira. Hoy puede estar en Ginebra, recibiendo a empresarios de la industria química o a políticos medioambientales, y al día siguiente en Bangladesh, intentando solucionar problemas de saneamiento. “Me ocupo de la salud integral de los seres humanos –dice con determinación–, un campo enorme, porque abarca desde la exposición a tóxicos en el ambiente laboral, al estilo de vida o la alimentación”.

Mujer hoy. Ahora, el foco está en la alerta mundial sobre el ébola… 

María Neira. La alerta de hoy no significa que antes no se hayan tomado medidas. La OMS y todas las ONG y asociaciones que trabajan sobre el terreno llevan actuando desde principios de año. El problema de fondo es la pobreza extrema de las zonas donde ocurre la epidemia, una pobreza que afecta a la higiene y a todas las actuaciones sanitarias e impide que las medidas preventivas sean suficientes. El ébola no es solo un problema sanitario; es un drama socioeconómico y humano. La enfermedad se transmite por contacto con fluidos orgánicos, algo que se puede evitar con medidas bien diseñadas. Son esas medidas las que centran nuestra preocupación en la OMS.

MH. En Occidente, hasta que no hemos visto las orejas al lobo no hemos tomado conciencia de lo que supone el ébola. 

MN. En esta, como en cualquier enfermedad contagiosa, la rapidez claridad y transparencia en la comunicación son esenciales, sobre todo para evitar la confusión y las alarmas infundadas, que suelen ser fruto de la desinformación. Aunque puedan darse casos esporádicos en España, la posibilidad de una epidemia de ébola en los países desarrollados es extremadamente baja.

MH. Se calcula en más de 9.000 el número de personas infectadas en el mundo, de las cuales la mitad han fallecido. 

MN. Gran número de contagios se han dado en zonas de extrema pobreza, bien en lugares con fuerte densidad de población o bien en aldeas remotas de difícil acceso, lo que hace que este brote sea muy difícil de contener. La dimensión que ha tomado el problema requiere grandes esfuerzos sanitarios y también un mayor presupuesto, para que la respuesta sanitaria sea lo más rápida posible, las investigaciones sobre tratamientos y vacunas continúen, y el número de casos no se dispare aún más. Sin duda, a todo ello hay que añadir una información constante y actualizada, vigilancia epidemiológica y evaluación constante del riesgo.

MH. Ese tipo de acción no se aborda sin una motivación potente. ¿Qué le impulsa a María Neira? 

MN. Una mezcla de optimismo y actitud positiva. Me producen rabia las injusticias sociales, las oportunidades perdidas para mejorar en salud pública, ver lo que estamos haciendo con el medio ambiente o la terrible situación de la mujer en muchos países. Como no puedes abarcarlo todo, tienes que aprender a concentrar los esfuerzos allí donde pueden tener más impacto.

MH. ¿Por ejemplo? 

MN. Por ejemplo, cambiando leyes en Sierra Leona para que las niñas no se vean obligadas a casarse antes de los 18 años. ¡Las tasas de mortalidad en el parto son tremendas porque las casan entre los 12 y los 14 años! O bien buscando soluciones al problema del agua en Bangladesh, porque el agua del subsuelo contiene mucho arsénico y hay que asegurar agua potable a la población. O luchando contra la mutilación sexual de las mujeres en el África subsahariana.

MH. Dicen que las mujeres son el motor del cambio en el Tercer Mundo. ¿Hasta qué punto es así? 

MN. Si me lo preguntas es porque quedan dudas, y no debería quedar ninguna, porque el empoderamiento de las mujeres es una de las medidas más rentables en materia de desarrollo. Si das dinero a una mujer del Tercer Mundo, el 90% irá a la familia, a zapatos para los niños, a comprar semillas para asegurar la cosecha del año siguiente, al bienestar del grupo en general.

MH. Y no pasa lo mismo con los hombres… 

MN. Pues no. Lo vemos en el África subsahariana. Las familias las sustentan las mujeres. Hay un hombre que anda por ahí, pero que aporta muy poco al bienestar familiar.

MH. ¿Y cómo podemos ayudar a esas mujeres desde aquí? 

MN. Sin autocomplacencia y con realismo. Sabiendo que lo que quieren es parecerse a las de aquí, tener los mismos derechos, agua corriente, gas, colegio para sus hijos e hijas. Hay muchas ideas falsas respecto de las mujeres del Tercer Mundo. Cuando las conoces a fondo, te das cuenta de que soportan la mutilación sexual por pura supervivencia. Las sacas del contexto de vigilancia masculina y, en pocos meses, te dicen que ya no quieren mutilar a sus hijas ni casarlas antes de tiempo.

MH. ¿Cómo se pueden convertir las ideas en medidas eficaces? 

MN. Cuando empecé, pensé que había que hacer alertas movilizadoras. Ahora sé que que no podemos dejar la responsabilidad a la población. No basta con decir que hay una epidemia de cólera. Hay que hablar de soluciones. Decir que en tal sitio se va a distribuir agua potable a partir de las seis de la tarde, o dar instrucciones sobre el lavado de manos o la gestión de aguas residuales. Y todo eso tiene que ir acompañado de alertas a los políticos para que tomen medidas.

MH. La salud incluye respirar un aire limpio, pero parece difícil conseguir un consenso. 

MN. Somos la primera generación que vive expuesta a estos niveles de contaminación. Las autoridades tendrán que decidir si nos lo podemos seguir permitiendo. Algunas ciudades, como Pekín, han superado el límite de lo soportable, pero los datos europeos son también alarmantes. Un estudio de dos calles colindantes de Londres ha demostrado cómo en la que tiene más tráfico y más contaminación, el riesgo de sufrir enfermedades asociadas se disparaba.

MH. En 2050, el 70% de la población mundial residirá en ciudades. Da un poco de vértigo. 

MN. Por eso tenemos que empezar a reducir las emisiones contaminantes ya. Siempre tengo en mente lo que decía Leonardo da Vinci: “Las ciudades tienen que estar pensadas para ser felices”.

MH. Parece complicado transmitir ese mensaje en África y Asia. 

MN. Ahí los retos son a corto plazo. La gente llega a las ciudades desde el campo y vive en los cinturones de las afueras, sin saneamiento, en condiciones idóneas para la transmisión de enfermedades infecciosas. Ahí se trata de ofrecer niveles sanitarios mínimos, luchar contra la pobreza, el hacinamiento y la violencia.

MH. Aquí nos limitamos a solucionar los problemas con medicamentos. 

MN. Los médicos tenemos también que entonar el mea culpa, por practicar una medicina de bata blanca. No se trata de olvidar los avances, pero deben convivir con la medicina que practicaban los médicos de pueblo, los que hacían prevención primaria. Te decían que no había que tener aguas estancadas, que había que aislar a los enfermos infecciosos, que te lavaras las manos antes de curar…

MH. Los gobiernos destinan menos dinero a prevención que a tratamiento. 

MN. Los países de la OCDE destinan un 97% del gasto sanitario a tratamiento y solo el 3% a prevención, y es un tremendo error. Hay que actuar en las causas de las enfermedades crónicas, esas que se pueden prevenir reduciendo la exposición al humo y contaminantes, con una alimentación y estilo de vida saludables, diseñando ciudades que permitan realizar actividad física y tener vida social. El défi cit en prevención está poniendo en peligro la sostenibilidad del sistema.

MH. La vida en los países “desarrollados” no parece muy saludable, si nos fijamos en cómo se disparan las tasas de obesidad de los emigrantes que llegan desde el Tercer Mundo. 

MN. Eso se ha estudiado mucho, sobre todo en emigrantes del Pacífi co y latinoamericanos, que se vuelven obesos precisamente cuando se trasladan a nuestras sociedades “avanzadas”.

MH. ¿Qué significa esa tendencia? 

MN. Que la obesidad tiene más que ver con la dieta y el estilo de vida que con los genes. A mí siempre me llama la atención que todos los coches de los EE.UU. tengan un espacio para dejar el vaso y la comida, porque indica que la gente come en el coche. Aquí estamos perdiendo la tradición de comer en una mesa, que se asocia a un menor riesgo de obesidad.

MH. Para que algo cambie, ¿tenemos que implicar también a las empresas de alimentación? 

MN. Las empresas no deberían malgastar energía en contraatacar, sino dedicarse a desarrollar productos cada vez más saludables, que ayuden a combatir la obesidad. Es un esfuerzo a largo plazo, pero añade credibilidad y aporta valor de futuro al sector.

MH. ¿Qué diría a los padres que dicen que sus hijos solo quieren comer pizza? 

MN. Les diría que en Japón, donde los niños son tan niños como aquí, les dan sushi desde pequeños. Que en Vietnam, donde los insectos son alimento habitual, los niños también los comen. Que en la India, toman especias como sus padres. ¡No piden jamón de York! El ejemplo es clave. Si nos ve tomar verduras y las ponemos en su plato, las acabará tomando. Las comidas familiares son momentos mágicos y en ellas los niños aprenden a compartir el disfrute gastronómico, la conversación y las pautas saludables.

Vocación y acción 

● Es médico especialista en Endocrinología y Enfermedades Metabólicas.

● Trabajó con Médicos sin fronteras en Centroamérica y con la ONU en África, antes ingresar en la OMS como directora de Prevención y Erradicación de Enfermedades Infecciosas.

● Fue presidenta de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria entre 2002 y 2005, cuando regresó a la OMS como directora del Dpto. de Salud Pública y Medio Ambiente.

● Condecorada por el Gobierno francés con la Orden del Mérito Nacional.

● Está casada y tiene un hijo.

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Um pensamento sobre “María Neira: “Con el ébola hace falta rapidez, claridad y transparencia”

  1. ¡Me ha encantado el artículo! ¡Muchas gracias! Creo que esta doctora tiene razón sobre tantos puntos! ¿Cuándo es que nos vamos a dar cuenta que el problema, mas que ser un problema sanitario, es un problema social, de desigualdades? El alarmante caso del Ebola se deve, sobre todo por la pobreza extrema de algunos países subdesarrollados, que no importan a los países desenvolvidos. Para prever de las pandemias, todas las organizaciones mundiales relativas a la Salud tendrían que resolver el problema a su raíz, es decir, combatiendo a la pobreza y al estado insalubre que genera para los hombres, siendo más expuestos a ambientes peligrosos e infecciosos. Me parece increíble que aún no seamos capaces, en 2014, de prever estas situaciones y que nos equivoquemos tanto de enfoque! La doctora parece optimista sobre el desarrollo de medidas que puedan corregir nuestro comportamiento. Espero que tenga razón…!

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