Los funerales del miedo – y 136 médicos para 6 millones de personas

El miedo al ébola, alimentado por el desconocimiento y la ignorancia – que tanto desconcierto y alarma social han provocado en España, a partir de un solo caso de contagio – está causando un daño profundo en la maltrecha sociedad africana. Los parientes y vecinos de los enfermos quedan estigmatizados, hasta el punto de que hay centenares de niños que han quedado abandonados tras la muerte de sus padres. Son las víctimas ocultas del ébola, que no aparecen en las estadísticas.

Llegar al corazón del ébola, internándose en la región de Kailahunjunto a la frontera de Sierra Leona con Liberia, supone recorrer un sinfín de caminos rurales que a veces parecen túneles en la densa vegetación. Y que las lluvias convierten en barrizales casi intransitables, donde se quedan varados los escasos vehículos que traen mercancías imprescindibles para la vida de los campesinos. Es una zona de difícil acceso, que fue castigada durante la guerras paralelas financiadas con ‘diamantes de sangre’ en los dos países, y ahora arroja el mayor número de víctimas a las estadísticas del ébola, pese a que muchas -si no la mayoría- de las muertes que causa la enfermedad queden ignoradas.

Escoltamos a un viejo ‘4×4’ de la Cruz Roja local, a bordo del que se desplaza un grupo de voluntarios encargado de dar sepultura a los muertos por ébola. Tras un azaroso viaje, llegamos a la aldea Baiwana, enclavada a un par de kilómetros de la frontera. Su centenar escaso de habitantes aguarda, congregado a una prudente distancia de la casa mortuoria. El escenario es sobrecogedor. Con el terror pintado en los rostros, el vecindario guarda un silencio impresionante mientras observa los preparativos para la retirada del difunto. Por una ventana sin vidrio de la habitación donde se encuentra sale el olor acre y pegajoso de la muerte, que se entiende por las proximidadesevidenciando el retraso con que se efectúa la recogida del cuerpo.

“Tres días han pasado desde que avisamos del fallecimiento”, comenta en voz baja el ‘Paramount Chieff’, jefe tradicional de la localidad. ‘Tres días durante los cuales la familia ha permanecido bajo el mismo techo que el cadáver. Ya no sabíamos qué hacer. La gente está muy asustada y algunos han buscado refugio en la selva hasta que pase el peligro.’

Embutidos en ropajes aislantes de hule y armados de irrigadores de agua fuertemente clorada, los voluntarios entran en la casa.Desinfectan el cuerpo y lo introducen con cuidado en la preceptiva bolsa de plástico hermética que le servirá de ataúd. Hay un breve momento de patetismo porque los pies quedan fuera. Entonces, una anciana rompe a gritar entre sollozos. Son las voces ancestrales de dolor ante la muerte, que sólo ella se atrevió a lanzar al viento. Los aldeanos la observan y algunos lloran, pero nadie osa quebrar el silencio colectivo. Los rituales fúnebres tradicionales están prohibidos. Y casi nadie forma el acostumbrado cortejo hasta el cementerio. Los sepultureros se llevan al muerto como el objeto peligroso en que se ha convertido. Y le dan tierra apresuradamente, con respeto pero, sobre todo, con temor. Nadie pronuncia una palabra.

De regreso a la aldea, un joven se dirige a nosotros. “Ayúdennos, por favor”, suplica. “Cuando denunciamos la muerte las autoridades nos prohibieron salir del poblado durante veintiún días y nos prometieron alimentos. Pero todavía no han traído nada. Y hay vecinos que ya no tienen que comer”. “¿Cómo esperan que respetemos la cuarentena?”, se preguntaba el Paramount Chieff. “La gente tendrá que ir en busca de alimentos. Y no han mandado policías ni militares para vigilarnos. Igual que tampoco ha venido ningún médico a vernos“.

136 médicos para 6 millones de personas

Sierra Leona, Liberia y Guinea-Conakry necesitan ayuda médica masiva y urgente contra el ébola. Si no la reciben, la enfermedad amenaza con extenderse como una plaga bíblica en el plazo de los próximos meses. Un solo dato sirve como ejemplo de las condiciones de absoluta precariedad con que se enfrentan a la epidemia los tres países más afectados por el virus: Sierra Leona dispone de 136 médicos para atender a seis millones de habitantes.

Un creciente caos está desarticulando las débiles estructuras sanitarias de Sierra Leona. Los escasos y mal equipados hospitales del país acusan los ‘efectos laterales’ del ébola. Algunos han sido cerrados, tras producirse casos de contagio. La mayoría, semiparalizados por la epidemia, están dejando de atender a los afectados por otras enfermedades endémicas, como la malaria. Y los pacientes evitan acudir a los centros de salud, temerosos de contraer el ébola en sus consultas.

El miedo al contagio no afecta sólo a la población, sino que la mayoría de las organizaciones médicas internacionales aconsejan a su personal que no entre en los hospitales locales y, si fuera imprescindible hacerlo, que tome las mayores precauciones posibles. Toni Bruel, Coordinador General de Cruz Roja Española asegura de “las dependencias de salud locales no estaban preparadas para una epidemia de estas características, y carecen de los medios imprescindibles para aislar a los enfermos de ébola y mantener sus actividades habituales sin riesgo”. El deterioro de la asistencia médica amenaza sobre todo a niños y ancianos, que forman grupos sociales más vulnerables cuya inmensa mayoría vive en condiciones muy deficientes.

Hay que recordar que Sierra Leona es uno de los países más empobrecidos de África y quedó devastado hace pocos años por una guerra extremadamente cruenta. “En Unicef tenemos el fundado temor de que se incrementen los índices de mortalidad infantil y en el parto, que ya están entre los mayores del continente”, asegura Yolanda Romero. “Porque se están descuidando gravemente la prevención y los tratamientos contra malarias, diarreas y neumonías, que cada día causan muertes perfectamente evitables. Pero es que las propias familias no se atreven a llevar a sus hijos a los hospitales. Lo fundamental es disponer de medios con urgencia para restablecer el sistema sanitario, mejorarlo y ayudar a que sus usuarios recuperen la confianza”.

El miedo al ébola, alimentado por el desconocimiento y la ignorancia -que tanto desconcierto y alarma social han provocado en España, a partir de un solo caso de contagio- está causando un daño profundo en la maltrecha sociedad africana. Los parientes y vecinos de los enfermos quedan estigmatizados, hasta el punto de que hay centenares de niños que han quedado abandonados tras la muerte de sus padres. Son las víctimas ocultas del ébola, que no aparecen en las estadísticas.

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