El Ébola, más allá de África, de Samuel Ponce de León R.

ebola (1)Nexos – De nueva cuenta el Ébola nos sorprende al tomar un curso ciertamente no inesperado pero si de una complejidad inquietante. El número de casos en Liberia, Sierra Leona y Guinea continúa creciendo de acuerdo a las predicciones más pesimistas, y esto no es sorprendente ante la lentitud y pobreza de la respuesta de parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y de la comunidad internacional. Parecería que tan solo Estados Unidos ve con claridad la magnitud de la tragedia y es uno de los pocos países que ha prometido destinar recursos humanos y económicos para tratar de contener el problema. Empero, aunque se mencionaron miles de elementos del ejército y millones de dólares, unos y otros fluyen con lentitud. Destacadamente también Cuba ha enviado un contingente a África. La respuesta de la OMS es lenta y poco eficiente (recordemos la lentitud con la que se distribuyeron las vacunas donadas durante la pandemia de influenza AH1N1). En consecuencia seguimos presenciando el crecimiento del número de infectados y de muertos. Es probable que la predicción de 20 mil casos para el significativo 2 de noviembre (en México) se cumpla con exactitud. Todo lo anterior no nos sorprende porque la pobre respuesta así lo determina.

La sorpresa viene del primer mundo. Hasta hoy EUA y España (acaso desconocemos otros) han cometido graves errores en el manejo de los esperados casos de individuos infectados más allá de África. En un inesperado escenario, aparecen equívocos que dejan ver la permanente fragilidad de los sistemas seguros cuando se trata de contener un asunto biológico. Primero fue el viajero que después de haber ayudado a una mujer con Ébola tomó un vuelo de Liberia a Bélgica, y de ahí a Washington D.C., para conectar hasta Dallas. En Dallas, pocos días después, enfermó acudió a un moderno centro médico donde registraron su historia de viaje con origen en Liberia, y se identificó el riesgo a considerar. Sin embargo, el médico a cargo ¡No tuvo conocimiento de la información! y lo envió de vuelta a su casa como si se tratara de cualquier problema común. Regresó al hospital pocos días después ya con síntomas de gravedad, después de haber tenido contacto cercano con varios familiares en un período de alta contagiosidad. Hoy este enfermo ha muerto y sus familiares son vigilados en aislamiento.

En España ocurrió una historia más truculenta. Una enfermera, que atendía a uno de los sacerdotes con Ébola que fue transportado para hospitalizarse en Madrid y que finalmente también murió, terminó su último turno de trabajo previo a sus vacaciones. A pesar de que el personal sanitario que realiza este trabajo debe ser supervisado para detectar oportunamente un contagio, la enfermera salió de viaje con su esposo. Cuando se sintió mal acudió a un servicio médico donde no se atendió la información, que ella misma destacó, de su contacto con un enfermo de Ébola y fue regresada sin precauciones a su entorno. Tuvo que volver al seguir enferma, para que se colocara en aislamiento varios días después, ya con síntomas claros. Su esposo está en aislamiento y su perro fue sacrificado (después de órdenes judiciales y revueltas contra la autoridad que se hizo cargo del animal). Los contactos fueron múltiples. Estos dos ejemplos nos muestran que no hay sistemas perfectos si hay humanos a cargo.

Recientemente se publicó un análisis (PLOS current outbreaks, Sept. 2014) que calcula cuántos casos ocurrirán más allá de África como consecuencia del crecimiento del número de casos en África occidental, del número de vuelos y de viajeros, del período de incubación y de la capacidad de transmisión del virus. Es claro que no es posible pretender ninguna certeza respecto a los números -los propios reportes de la OMS del número de casos tienen un grave sub-registro- pero el análisis nos alerta sobre lo que ya estamos presenciando, el Ébola se extiende más allá de África, y ante los errores suenan las alarmas para contener una situación que seguirá creciendo mientras no se controle la epidemia.

Es cuestión de tiempo para que la Unión Europea reciba viajeros en periodo de incubación, infectados pero sin síntomas, que desarrollarán la enfermedad días después de la llegada. Los retos ciertamente son complicados, desde identificar a los viajeros con riesgo, reconocer a los infectados antes de que inicien su mayor período de contagiosidad, y establecer un aislamiento eficiente y oportuno de los enfermos. Sin embargo, ante los primeros casos de contagio fuera de África el sistema no está funcionando. Los casos de transmisión hospitalaria hacen evidente problemas en el apego a las recomendaciones.

La sorpresa aumenta al conocer de la infección en una enfermera del hospital de Dallas, perteneciente al equipo de cuidado del enfermo, y que se suma a los desaciertos descritos previamente. ¿Hay algo en la biología del Ébola, crítico para su trasmisión, que estamos perdiendo? O tan sólo no se terminan de entender las sencillas prácticas para limitar el contacto. La infección accidental de trabajadores de salud en ambientes con todas las facilidades, da una idea del infierno de riesgos que enfrenta el personal sanitario en las condiciones de Guinea, Liberia y Sierra Leona. Se explica así que casi el 5% del total de casos y muertos corresponden a trabajadores de la salud (más de 400 trabajadores infectados y casi 250 fallecidos). Queda por entender por qué fallan las precauciones en condiciones óptimas. Es crucial entender y resolver las fallas del sistema porque esta es la frontera crucial que no debe cruzar el virus. El personal sanitario es el puente a las comunidades, a sus mascotas, y no debe llegar.

Por otra parte se mantiene la esperanza de que se pueda disponer de una vacuna o de terapias efectivas, y seguramente las habrá, pero esperar tenerlas para el momento actual de la epidemia es confiar en un espejismo inútil. En el mejor de los casos, vacunas y terapias estarán listas el próximo año, y para entonces contaremos los casos por decenas de miles si no se cumplen las tareas en el terreno, en las ciudades y caseríos de Guinea, Liberia y Sierra Leona. Son cientos de camas de hospital las que se requieren para recibir y atender a los enfermos, -pero no las hay- y se requieren instalaciones especiales para los contactos, -y no las hay- y estas instalaciones requieren personal capacitado, -y no están ahí. Y también se requiere una organización social que apoye a los contactos, que aloje huérfanos, que transporte enfermos y que disponga de los cuerpos, -y no lo hay. Los cálculos de la OMS hablan de insuficiencia de camas y de personal muy conservadoramente. El hecho es que la epidemia crece y ahora se expande, y aún no hay una respuesta suficiente.

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